Hace unos días encontré una pequeña cajita de metal con una carta que me escibió un amigo hace muchos años, el día de mi cumpleaños. Por cuestiones raras , no sé si del destino o de la casualidad, después de años de virtual separación, este amigo y yo ahora nos vemos con mucha frecuencia, pues trabajamos juntos. Tenemos ya más de diez años de conocernos y antes eramos casi inseparables, vivimos muchos procesos juntos, pues la secundaria es una etapa tenebrosa pero maravillosa en la vida de todos, a veces nos avergonzamos de las tonterías que hacíamos, pensábamos y queríamos, pero de alguna manera, es parte de nuestra historia y algo que forma parte de nuestra manera de ser actualmente.
Una de esas cosas que yo hacía, y que compartía con mis amigos en la secundaria, era escribir "cartitas". Era algo así como una obsesión, algo así como un diario compartido, donde plasmabas parte de tus vivencias y recibías las de otros. A lo largo de los tres años de secundaria llegué a llenar unas cuatro cajas de zapatos con cartitas, dibujos, recaditos, recuerdos y un montón de basura.
Cuando me mudé de la casa de mi madre tuve que hacer una especie de depuración, y de esas cuatro cajas quedó sólo una pequeña bolsa de regalo, con algunas cartas, una libreta, varias fotos y esa cajita de metal. Me llenó un sentimiento de nostalgia, de esa que se siente bonito, de recuerdos, de risas... y ahora que los pienso, extraño esa costumbre de escribir, ya que un e-mail queda a merced de la memoria de un servidor, pero el papel y la tinta se pueden leer incluso a la luz de las velas y remontarnos a esa parte de nuestro pasado que a veces no atendemos por culpa de las prisas del día a día.
Esta es una invitación abierta a que escriban una cartita para sus amigos. Con suerte, en unos años los harán sonreír de la nada.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentarios:
Tienes mucha razon. Ahora mero escribo una carta para alguien muy especial.
Publicar un comentario en la entrada